En Burgos siempre hay moradores vigilando sus calles, personajes de bronce que aguantan con aplomo la nieve, la lluvia, el sol... y que cobran vida a través de nuestra imaginación. Caminando por sus calles te puedes encontrar con valientes jinetes montados a caballo y portando su espada, peregrinos con báculo descansando de su viaje a la sombra de la Catedral, o ancianas vendiendo castañas en las cercanías del Arco de Santa María.
De entre todos ellos, me llamó la atención uno, una muchacha de pelo largo provista de gabardina y botas de agua, situada cerca de la Calle de San Juan, que sostiene una bolsa en su mano izquierda y un paraguas en la derecha. Para ella todos los días llueve, siempre camina bajo un manto de agua escuchando su sonido laxante. ¿Qué llevará en la bolsa, que hace que valga la pena aguantar la lluvia eterna?.

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