domingo, abril 4

El clamor popular perdura.

Viaje a Italia. Primavera 2010.

Hoy sobre la arena no habrá caza de animales, ni simulaciones de batallas navales, ni peleas de gladiadores. Hoy sobre la arena no habrá ningún evento, al igual que mañana, pero aún así las gradas del Coliseo de Roma continúan llenándose de espectadores provenientes de todos los rincones del mundo. Si el emperador despertara de su eterno sueño volvería a morirse de irritación, viendo cómo alrededor del anfiteatro se han sustituido sus salvajes luchadores por fantoches disfrazados que buscan unas monedas, y los gritos y vítores de un pueblo entregado por el paseo y pose de los turistas que quieren su foto perfecta.


El grito del negocio irrumpía con mucha frecuencia entre los viejos cimientos del monumento, en detrimento de aquellos bramidos de las bestias y sollozos de los esclavos.

  • Por 4 euros más, audio con explicaciones en español, y se ahorran la fila, pasan directamente al interior. En fila, mínimo 30 minutos de espera…

El muchacho te hacía dudar. Un extenso número de personas se agolpaban frente a las taquillas, situadas en sus agujereados pilares exteriores. Por fortuna, las previsiones de aquel empleado no se cumplieron, y en escasos 10 minutos, pagando los pertinentes 12 euros de la entrada, accedimos al interior, que aunque lejos de ser la entrada triunfal que tanto nos muestran las películas de romanos, continúa impresionando, siendo quizás la obra arquitectónica más grandiosa de la época.


Existe una obra llamada Liber spectaculorum, escrita por el poeta latino Marcial, donde se describe la lucha de dos gladiadores, Vero y Prisco, que ante la presencia del César, batallaron en el Coliseo hasta la extenuación sin que ninguno de los dos llegara a imponerse sobre el otro; ambos salieron de la arena bajo el clamor popular por el empeño y la capacidad de resistencia mostrada y recibiendo el perdón del emperador. Si en la actualidad tienes la suerte de visitar este anfiteatro, intenta aislarte de la vorágine turística y guarda silencio: te darás cuenta que aquel clamor popular perdura.


Más info:
Coliseo de Roma, Gladiadores Romanos

viernes, abril 2

Todo gira desde arriba.

Viaje a Alemania. Verano 2009.

Estaba tocando el cielo de Europa con la yema de los dedos. A través de las cristaleras podía ver toda Berlín, con sus edificios más emblemáticos, sus parques, su río... Desde el mirador de Fernsehturm (en alemán, Torre de televisión) lo podía ver todo, su altura permitía ese capricho. Construida en 1969 por la extinta República Democrática Alemana (RDA), sus 365 metros fueron usados por este gobierno como símbolo de la Berlín Oriental.


Ya en su base me sorprendió. La planta baja, donde se sitúan las taquillas, tiene adornada sus paredes con las construcciones más altas del planeta (entre ellas han creado su propia asociación). Después de esperar 20 minutos de cola y pagar la entrada (unos 10 euros), pasamos por un control de seguridad y accedimos a uno de los dos ascensores que llevan al mirador y el restaurante, a 204 metros de altura, el punto más alto al que los turistas les está permitido llegar. Una de las cosas que se te quedan grabadas al visitar la torre es la velocidad del ascensor: cuarenta segundos tarda en subir los 204 metros.



Un señor de mantenimiento nos había comentado que la estructura circular de arriba giraba muy lentamente durante todo el día, así que una vez que disfrutamos del paisaje, el premio estaba en adivinar en que dirección giraba la estructura.
  • Creo que gira hacia la derecha – le dije a mi hermano y Anna quedándome totalmente quieto y fijando la mirada en un punto.
  • No, a la izquierda – dijo mi hermano.
  • ¡Que no, a la derecha! Fíjate bien.
  • Creo que Guillermo tiene razón, es a la izquierda – dijo Anna.
Ninguno acertamos. Luego nos enteramos que el mirador no se desplazaba, sólo lo hacía el restaurante, una planta más arriba.


Más info:
Fernsehturm, Los edificios más altos de Europa

jueves, abril 1

Atardecer sin cadenas.

Viaje al sur de Francia. Otoño 2006.

La temperatura del exterior no llegaba al grado centígrado. Continuábamos ascendiendo por la carretera, esa tan temida por conductores, estrecha y zigzagueante, con una robusta pared de escarpada piedra a un lado y un profundo desfiladero al otro. Éramos los dueños del asfalto aquella tarde de diciembre, nadie había decidido tomar nuestra senda entre montañas.


Entre numerosas nubes, el sol fue descendiendo con el paso de los minutos, coloreando el cielo con tonalidades anaranjadas y resaltando cada vez más el oscuro e irregular contorno del paisaje. Por muy malo que fuera aquel camino, valía la pena circular por él para disfrutar de los Pirineos al atardecer.

Tan hipnotizados nos tenía la visión que borramos de nuestra mente toda prudencia al volante. El momento más especial fue cuando se empezaron a divisar las primeras cumbres blancas, al mismo tiempo que las nubes más voluminosas comenzaron a descargar su fría mercancía en forma de copos de nieve. Andorra cuenta con un clima mediterráneo de alta montaña, en el que las temperaturas en invierno son frías y en verano, suaves; suelen producirse variaciones en el clima dependiendo de la altitud y la orientación. La media de las mínimas anuales es de –2 °C y la de las máximas es de 24 °C. Al atardecer es cuando hay más precipitaciones salvo en invierno que son, sobre todo, de nieve.


Pasado el cartel de bienvenida del principado, bajo una copiosa nevada en el último suspiro del día, el Seat Altea de color rojo hizo un extraño al que Pablo respondió agarrando con fuerza el volante y pisando con vigor los pedales. La carretera se había convertido en una pista de patinaje.

Nos miramos los dos después del susto, con una misma pregunta merodeando nuestra mente ¿Dónde habíamos dejado las cadenas del coche?

Más info: Como llegar a Andorra, Pirineos

miércoles, marzo 31

El techo del Renacimiento.

Viaje a Italia. Primavera 2010.


Desde el Baptisterio de San Juan, el Campanario lo tenía mano derecha. De planta cuadrada y recubierto de mármol blanco, verde y rojo, mantenía intacta su decoración externa de medallones y esculturas, aligeradas con tríforas y bícoras. De frente, Santa María del Fiore, la catedral gótica más impresionante del mundo, cuyos muros llevan soportando durante siglos la imponente cúpula. Por más que miraba las dos construcciones, no sabía decir cual de ellas estaba más cerca del cielo.



La respuesta la obtendría subiendo a una de ellas. Aunque entrar en el interior de la catedral es gratis, subir a lo alto de su cúpula no, debía de pasar por taquilla (8 euros por persona) no sin antes aguantar un rato en la cola.


Pasado el trámite, a medida que ascendía por los 414 escalones, además de quedarme sin aire en más de una ocasión, pude disfrutar más de cerca de los frescos de la parte interior de la cúpula, obras de Vasani y Zuccari, que bajo sus pinceles decidieron enfrentar a santos y demonios eternamente en aquel rincón de Florencia.



Tras atravesar los últimos y estrechos pasadizos, llegué a la cima de la cúpula, una base redondeada de mármol situada a 87 metros de altura desde donde se contemplaba toda la ciudad. Mientras el viento se empeñaba en alterar la paz del lugar, la vista se perdía entre pequeñas viviendas de fachadas tradicionales renacentistas, en el río, en la vecina Basílica de San Lorenzo, en el Palacio Vecchio… y en el Campanario, que resolvía el interrogante al mantenerse su punto más alto unos cuantos metros por debajo de mía.




miércoles, marzo 17

Detrás de la cascada.

Viaje a Islandia. Verano 2009.

Hacia tiempo que quería hablarles de este lugar, posiblemente desde que empecé a escribir aquí. Hoy, el día que más agobiado me encuentro, cuanto más trabajo tengo, es el día que ha elegido mi mente para regresar al Edem.


Quiero hablarles de mi paraíso, de mi lugar de retiro, donde voy siempre que necesito encontrarme conmigo mismo. Sólo necesito cerrar los ojos, cerrarlos y escuchar el estruendo del agua chocar contra las rocas, un grito de la naturaleza acentuado por el eco. Mientras los rayos de sol del atardecer intentan atravesar la densa cortina de agua, un hermoso arco iris recorre la gruta de punta a punta. El cuerpo no para de empaparse de las miles de minúsculas gotas que surgen del fondo de la cascada, y a lo lejos, hacia el exterior, entre el verde más colorido que jamás he visto, diminutas figuras intentan acceder hasta donde me sitúo por angostos caminos de tierra. Todos quieren llegar allí, detrás de aquella enorme cascada donde pierdes la noción del tiempo, donde lo importante es mojarte, jugar con el sol y reírte de la vida.


Al sur de Islandia se encuentra Seljalandsfoss, una de las cascadas más famosas de la isla, con 60 metros de caía de agua. Relájense, cierren los ojos y sitúense detrás de la catarata. No he conocido desde ahora lugar que proporcione mayor felicidad.


Más info: Seljalandsfoss, Fotos detrás de cascadas

sábado, marzo 13

Cuantos cochinillos habrá visto pasar...

Viaje a Segovia. Otoño 2005.

La ofrenda para la Virgen de la Fuencisla, patrona de la ciudad, estaba preparada. Un grupo de señores, encabezados por un orondo cocinero de delantal y gorro blanco, acababan de salir del Mesón de Cándido a paso acelerado, llevando en una enorme bandeja un cochinillo asado con abundante guarnición. Era mediodía, y trasladar ese manjar por la plaza del Azoguejo empezó a crear mucha expectación, incluso más que para ver el propio acueducto. Luciendo piel doradita, ese desafortunado animal es el eje fundamental de la cocina segoviana y el plato que le ha dado gloria a ésta. El aroma que desprendía a su paso nos dejaba a todos los viandantes embaucados, haciéndonos la boca agua. Ver como se perdía entre callejones en manos de extraños nos ponía tristes.

¡Vaya hambre que me entró! Si la loba capitolina fuera de carne y hueso, le hubiera hincado el diente. Su escultura estaba situada muy cerca nuestra. Fue un obsequio que Roma entregó a la ciudad en 1974, copia de la escultura Luperca que se conserva en el Museo Capitolino.



¿Cuantos cochinillos habrá visto el acueducto pasar por su vera? Un pequeño escenario de madera se había colocado en la base del monumento romano, posiblemente desde donde horas antes se había cantado una Salve y bailado jotas castellanas. Ahora estaba vacío y algo sucio, y subido en él junto con mis compañeras de viaje, seguía sintiéndome igual de pequeñito pegado a esos sillares de granito. Que grande era aquel canal.



Segovia es el acueducto y el acueducto es Segovia. Es el símbolo distintivo de la ciudad y la obra de ingeniería civil romana más importante de España. Tiene una longitud de 818 metros, consta de más de 170 arcos y su parte más alta mide 29 metros, medida que alcanza desde el Azoguejo. Cuentan que surgió de la noche a la mañana; se desconoce la fecha de su construcción, aunque calculan que pudo llevarse a cabo sobre finales del siglo I. Una joya.


Más info: Acueducto de Segovia, Cochinillo de Segovia