El hostal donde me alojaba estaba muy próximo a La Rambla, en una calle perpendicular, y hasta la habitación llegaba todo el alboroto y hervor que desprendía la zona. Algunas noches era imposible conciliar el sueño, algún grito, ruido o cántico procedente de gente de mal beber terminaba truncando el reposo, y la fuerte luz artificial que se colaba a través de los resquicios de la persiana me mantenía ofuscado.

La Rambla es uno de los puntos de Barcelona con mayor actividad, comunica la Plaza de Cataluña al puerto antiguo y supone adentrarse en las entrañas de esta linda ciudad. Nunca pasearás solo por este bulevar, no importa la hora a la que decidas transitarla que siempre te veras acompañado, ya sea de vendedores ambulantes, de turistas desorientados, de prostitutas, comerciantes, mimos e imitadores, pandillas exaltadas de jóvenes... Desde allí, escritores actuales como Zafón o Falcones han enamorado a lectores, describiendo el soplo mágico y misterioso que desata este emplazamiento, escoltado por el teatro El Liceo, el Palacio de la Virreina, o por las estrechas pero animadas callejuelas del barrio Gótico. Un lugar continuamente por descubrir.
Más info: La Rambla, Comercios del lugar
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