Viaje a Alemania. Verano 2009.
Una plaza cualquiera de Berlín se ha transformado esa noche en punto de encuentro para pasarlo bien. A un lado de la explanada se han colocado diversos puestos de comida, pequeñas casetas ambulantes de colores llamativos; al otro lado, acróbatas y payasos, que han decidido divertir a las decenas de curiosos con ejercicios y juegos.
Mientras los artistas preparan el siguiente número, muchos aprovechan la pausa para devorar otro perrito caliente, acompañándolo con largos tragos de cerveza. Si hay algo que caracteriza a los alemanes es su devoción por los hots dogs y la cerveza. Yo también quise participar de aquella fiesta gastronómica germana y compré por 4 euros una rostbratwurt, una salchicha grande algo picante metida en pan, y taugenbrezels, unas rosquillas típicas de Berlín hechas de pan salado. A la hora de pedir la cerveza, es tal la variedad que te pierdes con tanto nombre; terminé probando una berliner weisse con frambuesa, un cóctel raro pero bastante sabroso.
- ¡Atenciónnnnn!¡Acérquenseeeeee! – gritaba en inglés uno de los acróbatas que sostenía una antorcha humeante.
Los puestos de comida fueron abandonados rápidamente, y la gente acudió en masa al reclamo. Dos muchachos habían colocado una escalera de metal en el centro del improvisado escenario, y el acróbata que portaba la antorcha prendió fuego a la mitad de un aro de gimnasia rítmica. Apagó la antorcha y empezó a subir la escalera sosteniendo el aro en llamas. La expectación era máxima.
- ¡Atenciónnnn! – volvió a gritar – ¡Esta noche el hombre desafiará al fuego!.
Por un momento nadie dio un buche a su cerveza y todo fue silencio.
Mas info: Berlín, Berliner Weiße
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