¿Recuerdan esos cuentos infantiles de caballeros y princesas?. La princesa esperaba en lo alto de una torre el regreso de su apuesto galán, y cuando este aparecía a caballo con la luna como testigo, se dedicaban versos y miradas apasionadas. Aquella torre que separaba a los enamorados siempre la había imaginado circular, sobria, sin salientes que facilitaran su escalada, parecida a la Torre Redonda o Rundetaarn, situada en pleno corazón de Copenhague.
El caballero nunca podría poner como excusa para no ir a verla el haberse perdido por el camino, ya que encontrar la torre es bastante sencillo. Caminando por Stroget, una vez que se llega a una amplia plaza llamada Amagertorv habitada por la estatua de un hombre montado a caballo (¿Será el caballero del cuento?) y una fuente adornada con cisnes y ranas de piedra, giras a la izquierda por Kobmagergade, y tras dejar atrás un museo erótico y numerosos puestos de fruta, ya te colocas al pie de la fortificación.
Rundetaarn tiene uno de los observatorios astronómicos más antiguos de Europa, así como una biblioteca y una iglesia, cuyo interior de color blanco inmaculado con bordes bañados en oro sorprende al más escéptico, al igual que su gran órgano sobre la entrada. Para poder subir a lo alto de la torre y sentirte como aquella princesa hay que pagar 4 euros. Con tanto aparato astronómico dentro, deduzco que mientras esperaba la llegada de su caballero las estrellas le hacían compañía.

Más info: Rundetaarn, Cuento: La torre de la princesa
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