Berlín ya no esta en guerra, pero su imagen en ese punto continúa igual de maltrecha que en 1945, cuando los Aliados bombardearon la ciudad. Erigida entre modernas construcciones, la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm se mantiene triste y gris, con su cúpula seccionada, sin vidrieras en sus ventanales y con el reloj estancado en las doce menos diez. Mientras su alrededor bulle de vida, ella permanece muerta en el recuerdo. Sólo quedán las ruinas del espléndido campanario de 113 metros de altura, construido por F. Schwechten en 1895.
- Aquel edificio que esta a su lado – me decía Anna señalando un alargado y delgado edificio de cristaleras – es la iglesia nueva.
- Pues... parece de todo menos una iglesia – le contesté.
Queriendo mantener las ruinas como monumento conmemorativo contra la guerra, se edificaron en torno a ella un conjunto de cuatro partes que conforman la parte moderna de la iglesia, que por su singular forma son llamadas “la polvera” y “el lápiz de labios”.
No haber restaurado la iglesia original había sido un acierto, el impacto visual que causa a todo aquel que la ve por primera vez es imperecedero, además de conservar el recuerdo de un conflicto que avergüenza a todos.
Más info: Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, Batalla de Berlín
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