miércoles, febrero 3

Aquellos locos autos.

Viaje a Malta. Invierno 2010.

Como un enjambre de abejas en su colmena, todos los autobuses de la isla se agolpaban desordenadamente alrededor de la Fuente del Tritón en Valletta. Buscábamos el número 45 entre un laberinto de colores amarillos, blancos y naranjas que se fundían sobre el gris agrietado del asfalto, y mientras la vista se recreaba con esas tonalidades, el olfato olía a combustible y el oído sufría a golpes de claxon.

  • Sorry, ¿Number forty five? – preguntábamos.

Serio y de pocas palabras, un orondo conductor con bigote masculló con esfuerzo y poco entusiasmo la dirección correcta, donde esperaba con el motor en marcha otro pequeño autocar digno de estar en cualquier museo de transporte.

Malta adora a sus viejos autobuses, convertidos desde hace años en símbolo del país. Por unos cuantos céntimos podrás volver a recorrer kilómetros como lo hacían tus antepasados, en un habitáculo reducido y sucio, sintiendo cada una de las vibraciones de su estructura, tirando de un cordel pegado al techo para avisar al chofer de la intención de bajarte, pudiendo hacerlo incluso con el vehículo en marcha ya que no disponen de puertas.


Estando en su interior comprendes el porqué del cariño de los habitantes hacia ellos, comprendes como en las tiendas de souvenirs sus miniaturas son el reclamo de los turistas y un éxito en ventas. Estando en ellos te adueña un sentimiento añejo difícil de explicar, un viaje atípico no sólo en la distancia sino también en el tiempo.



Más info: Cómo moverse por Malta, Autobuses de Malta

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