jueves, abril 1

Atardecer sin cadenas.

Viaje al sur de Francia. Otoño 2006.

La temperatura del exterior no llegaba al grado centígrado. Continuábamos ascendiendo por la carretera, esa tan temida por conductores, estrecha y zigzagueante, con una robusta pared de escarpada piedra a un lado y un profundo desfiladero al otro. Éramos los dueños del asfalto aquella tarde de diciembre, nadie había decidido tomar nuestra senda entre montañas.


Entre numerosas nubes, el sol fue descendiendo con el paso de los minutos, coloreando el cielo con tonalidades anaranjadas y resaltando cada vez más el oscuro e irregular contorno del paisaje. Por muy malo que fuera aquel camino, valía la pena circular por él para disfrutar de los Pirineos al atardecer.

Tan hipnotizados nos tenía la visión que borramos de nuestra mente toda prudencia al volante. El momento más especial fue cuando se empezaron a divisar las primeras cumbres blancas, al mismo tiempo que las nubes más voluminosas comenzaron a descargar su fría mercancía en forma de copos de nieve. Andorra cuenta con un clima mediterráneo de alta montaña, en el que las temperaturas en invierno son frías y en verano, suaves; suelen producirse variaciones en el clima dependiendo de la altitud y la orientación. La media de las mínimas anuales es de –2 °C y la de las máximas es de 24 °C. Al atardecer es cuando hay más precipitaciones salvo en invierno que son, sobre todo, de nieve.


Pasado el cartel de bienvenida del principado, bajo una copiosa nevada en el último suspiro del día, el Seat Altea de color rojo hizo un extraño al que Pablo respondió agarrando con fuerza el volante y pisando con vigor los pedales. La carretera se había convertido en una pista de patinaje.

Nos miramos los dos después del susto, con una misma pregunta merodeando nuestra mente ¿Dónde habíamos dejado las cadenas del coche?

Más info: Como llegar a Andorra, Pirineos

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