Debe ser lo mas parecido a una película que mezcla dibujos animados con realidad. Entre austeros edificios que conforman la ciudad, encontramos el original muro que rodea la visión del genio, una extensión de terreno de 18 hectáreas donde se da rienda suelta a una imaginación muy particular, la de Gaudí.
Viendo corretear por este parque a críos jugando al escondite, no puedo evitar sentir algo de envidia; pueden elegir ocultarse tras columnas estriadas, que sostienen un techo confeccionado con bóvedas semiesféricas, o bien esconderse en la escalinata, acompañados por el famoso dragón, o por los viaductos, esculpidos en piedra que se extienden por el lugar. Los que no somos tan niños nos contentamos con descansar sobre el banco ondulante de la plaza principal, recubierto de pequeñas piezas de cerámica y cristal; desde allí sentado, en la altura, la vista de Barcelona es espectacular, pudiendo divisar cada rincón de la capital. Parque Güell complace a grandes y pequeños.
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