Volar con Icelandair es un lujo, aunque que menos por el dinero que sueltas al adquirir el billete. Cada pasajero tiene a su disposición una pantalla táctil, situada en el respaldo del asiento delantero, donde se pueden ver películas, series de televisión, jugar al tetris, o incluso ver con detalle la situación del avión en tiempo real; además, cada asiento tiene una toma de contacto a Internet. Es posible que en los vuelos de largo recorrido esto sea normal, pero para mí es toda una novedad.
No tenía la ventanilla cerca, por lo que no pude disfrutar de la llegada. El vuelo de Copenhague a Islandia duró en torno a 3 horas. Después de sufrir unas cuantas turbulencias al empezar al descender, aterrizamos a la hora estimada en la isla mágica.
El Aeropuerto Internacional de Keflavík es el aeropuerto más grande de Islandia. Construido por Estados Unidos en la década de 1940, es el principal hub para transporte internacional. Está situado cerca de Keflavík, una ciudad pesquera de 13000 habitantes, y a unos 50 kilómetros de la capital, Reykjavík. Con dos pistas de aterrizaje, el aeropuerto solo realiza vuelos internacionales, excepto en verano.
Dando un paseo por sus instalaciones, te das cuenta de que están a la última en tecnología. Destaca en su interior la tienda Fríhöfrin, donde tienen productos al 50%, sobretodo alcohol y chocolate (para que os hagáis una idea, un pack de 6 latas de cerveza Polarbeer costaban 999 coronas islandesas, siendo 260 coronas = 1 euro).

Cuando recogimos las maletas y compramos algo de comer, salimos al exterior para coger un autobús que nos llevara a Reykjavík (tienen una frecuencia de una hora y cuestan 3000 coronas islandesas por persona ida y vuelta). El aire puro y frío que recibes cuando te sitúas en el exterior me resultó gratificante. Mientras esperábamos el autobús, nuestra visión se entretenía desmenuzando el paisaje, constituido por una estatua de bronce esférica de donde salía un garfio, un par de pequeñas casas hechas de chapa de colores grises y amarillos a lo lejos, montículos de piedra sobre praderas de roca volcánica con musgo… y ni un solo árbol.
- Aquí no hay nada – dijo mi hermano con una sonrisa.

Más info: Keflavik, Aeropuerto Internacional de Keflavík
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